Nos llegan recuerdos y saludos

Este mensaje nos deja la gerente general de la empresa encargada de la fabricación y montaje del pabellón del Museo, Lyda de la Espriella, quien con su equipo de trabajo fue fundamental para el exitoso despegue del proyecto.

La experiencia más maravillosa que nuestra empresa ha tenido, un proyecto que se hizo con amor, mano a mano, con cada golpe de su construcción se fue dando golpes al dolor que se tenía, que manera tan maravillosa de hacer catarsis, la alegría, la dedicación y el compromiso de los mochuelos cantores, la vida…, simplemente la vida enmarcada en la memoria simbólica que fue dando forma al mochuelo. El sentir cada gota de sudor en la frente mientras se construía como si fuera nuestro propio hogar, jamás imaginamos que un proyecto de esta naturaleza fuera a mover nuestras fibras más íntimas de la entrega y el amor por lo que se hace.

Nos sentimos parte de este proyecto, de este vuelo, no podríamos hablar del dolor ajeno, no podemos hablar de lo que no sentimos en carne propia, de las huidas, de las muertes, del llanto, de las pérdidas, de la tristeza que durante años fueron dejando rostros en el camino desolados, pero encontramos a dos mujeres absolutamente angelicales, maravillosas, con un temperamento y fuerza que va más allá de las heroínas de los cuentos de súper héroes, esas dos maravillosas mujeres que desde su rinconcito, desde su mecedora, desde su esquina del parque, fueron creando durante once años un sueño que alivia el corazón y da la esperanza de que un país en paz y partícipe de los procesos de cambio sí es posible.

Beatriz, la bella mujer que desde el silencio, desde su refugio, en su maravillosa cocina fue creando la fórmula mágica para perdonar y amar, la nombro primero porque en su silencio quedó tras bambalinas no por otra razón que no quiere renombre, no quiere fotos, ella solo canta, canta su mochuelo, canta su letanía sanadora y no quiere ser reconocida más que como la compañera de lucha de Soraya, la gorda bella, la mujer que siempre da la cara, que tiene una sonrisa para todo, que con su baile llena de alegría cada rincón, pero ni se les ocurra, no dejarla hablar o decirle que no se puede, para ella todo se puede y lo ha demostrado, se puede vivir, se puede creer, se puede luchar hasta la muerte por un sueño, porque la muerte la vino a buscar y le dijo «carajo…. respeta», osada, valiente, hermosa, realmente hermosa.

Cada uno de los que participaron desde su frente de trabajo, Francisco, Giovanni, Luis Carlos, Laurita, Jose David, que equipo tan comprometido desde todos los rincones de Colombia llegamos a ser uno solo, los mochuelos cantores Julio, Jose, Alan, Luis, Wilson, Sergio, fueron los grandes aprendices, que ahora tienen en sus manos continuar el vuelo, sin sus apoyo y entrega, no hubiera sido posible llegar a su primer vuelo. Poder decir, que somos diferentes y que fuimos felices de ver tanto amor y perdón, fue el pago más grande que pudimos recibir gracias! mil y mil gracias a todos y cada uno, Gracias Sora y Beatriz, gracias a la vida, VIVA LA VIDA.

Lyda de la Espriella
Parte del equipo del Colectivo y mochuelos constructores, Lyda de la Espriella y el arquitecto Francisco Cruz en la noche inaugural
15/03/2019

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